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El Síndrome de la Titulitis

Manos de un profesional sosteniendo una brújula antigua sobre un escritorio de madera, con un diploma desenfocado al fondo, ilustrando el valor de la experiencia real frente a la titulitis en el coaching.

¿Títulos o experiencia? Descubre por qué el papel aguanta todo, pero en el mundo real, las cicatrices y la práctica valen más que mil certificados de pago.

Por Qué la "Calle" y la Experiencia Aplastan a los Diplomas de Cuota Mensual


Existen muchas cosas necesarias en la vida, sobre todo si pretendes lograr algún tipo de estabilidad profesional o personal. Los estudios son importantes, de eso no hay duda. Sin embargo, la terca realidad del siglo en el que vivimos ha demostrado, una y otra vez, que los papeles colgados en la pared no lo son todo.

De hecho, voy a ser aún más rotundo y corregir esa afirmación inicial: la experiencia no es que sea importante, es que en muchas ocasiones es infinitamente superior a cualquier titulación.

Antes de seguir, quiero dejar clara mi postura para que nadie se lleve las manos a la cabeza. No pretendo decir, ni por asomo, que las titulaciones regladas no sirvan para nada. Mi intención como profesional del Coaching con más de 30 años de trayectoria es decir "alto y claro" que, en el mundo laboral del trato con personas, existen factores vitales que el mercado exige y que ninguna academia te puede empaquetar en un PDF.

Muchas veces, a la hora de contratar a una persona o de buscar a un profesional que te acompañe en un proceso de cambio, importa mucho más su "calle", su experiencia real y las batallas que ha librado, que la sopa de letras que lleve detrás de su nombre. Evidentemente, si un candidato lleva en la mochila una formación sólida y una experiencia brutal, estamos ante el unicornio perfecto. Pero el mundo real rara vez es tan simétrico. Y si debemos elegir entre el experto de salón y el veterano de trinchera... las dudas se disipan rápido.


El absurdo mercado de los "Títulos de Alquiler"

Hoy en día, el sentido de la "titulitis" ha mutado y ha llegado a extremos que resultan casi ridículos. Constantemente están apareciendo de la nada asociaciones, institutos y sellos internacionales que afirman otorgar "Certificados" o "Titulaciones" sobre una materia en concreto. Te prometen que, tras pasar por su caja, te convertirás automáticamente en un experto indiscutible avalado por su majestuoso logotipo.

Yo recuerdo cómo funcionaban —y funcionan— los títulos serios. Los de la Universidad, por ejemplo. Son años de estudio, de codos en la mesa y de lucha académica para conseguirlos. Al ser estudios oficiales y reglados, te los ganas, te los dan, y son tuyos para toda la vida. Nadie te llama cinco años después para decirte que tu carrera ha caducado.

Pero ahora resulta que la moda en ciertos sectores del desarrollo personal y empresarial es otra. Estas nuevas entidades te aportan una "titulación" reluciente... pero solo mientras estés pagando sus cuotas anuales. Te certifican durante un par de años, al cabo de los cuales tendrás que volver a pasar por el aro y pagar religiosamente si quieres conservar ese diploma tan bonito en tu currículum.

"El conocimiento es un rumor hasta que vive en el músculo." — Proverbio Asmat.

Imagino que los defensores de este modelo dirán que es un sistema moderno. Argumentarán que es la forma de asegurar la "profesionalidad" continua de los agremiados y de separar el grano de la paja. Pero seamos serios y llamemos a las cosas por su nombre: lo que realmente separa este sistema es a los que pueden (o quieren) pagar, de los que no.

Desde mi punto de vista, me parece una forma como otra cualquiera de exprimir la cartera de los confiados. Cuando la formación está reglada estatalmente, esta extorsión burocrática no ocurre. Una cosa es formarse en academias privadas de prestigio (lo cual es excelente), y otra muy distinta son las empresas que han montado un chiringuito afirmando que, sin su carné de socio de pago, tus conocimientos y tu valía profesional se evaporan mágicamente.

No me malinterpretes; no digo que no se aprenda materia en esas entidades. Todo suma. Pero cada vez somos más los que pensamos que el conocimiento no debería operar bajo un modelo de suscripción, como si fuera una plataforma de series en streaming. Yo pertenezco a una escuela —quizá una vieja escuela— en la que, a pesar de tener formaciones universitarias de por vida, nuestro verdadero examen diario nos lo ponen los clientes.


La Paradoja del Experto de Salón

¿De qué demonios sirve tener cinco "certificaciones premium" en una materia concreta si, cuando te sientas frente a un cliente que está perdiendo el control de su empresa, no sabes leer su lenguaje no verbal, no sabes sostener su mirada y te tiembla el pulso?

  • El papel lo aguanta todo.

  • El mercado, no.

  • El cliente, mucho menos.

En el mundo del coaching y la formación corporativa, a menudo me encuentro con ejecutivos que sufren este mismo mal. Tienen másteres en liderazgo ágil, diplomas en resolución de conflictos y metodologías de nombres impronunciables. Sin embargo, su equipo los detesta y la productividad de su departamento está por los suelos. Tienen la teoría, pero les falta la "calle". Les falta la experiencia vital de haber gestionado egos, frustraciones y miedos reales.

Cuando alguien busca ayuda profesional a través de mi ecosistema digital en www.joseignaciomendez.com, no busca a un ratón de biblioteca que le recite de memoria el capítulo 4 de un manual de management. Busca a alguien que haya estado en el barro.


El gimnasio de la vida: Hierro frente a papel

Déjame usar una analogía que conozco bien. Llevo décadas entrenando con pesas. El entrenamiento de fuerza es implacable y no entiende de títulos. Tú puedes haber leído cincuenta libros sobre biomecánica, anatomía y las vías metabólicas de la hipertrofia. Puedes tener el diploma más caro del mundo colgado en tu gimnasio. Pero si nunca te has puesto debajo de una barra cargada con 150 kilos, si no has sentido cómo la gravedad intenta aplastarte, si no has experimentado el miedo a fallar y la disciplina brutal de empujar cuando el cuerpo te grita que pares... no sabes lo que es el entrenamiento de fuerza.

Con el trato humano ocurre exactamente lo mismo. Las profesiones orientadas a guiar, desafiar y orientar a otras personas exigen un componente vital innegociable.

"Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos y práctica." — Séneca.

Los procesos de comprensión empática no se aprenden rellenando tests de opción múltiple. Aquellas personas que, por sus propias vivencias, han experimentado la incertidumbre, el fracaso, el dolor, la reconstrucción, el éxito y las situaciones límite, tienen un radar especial. Pueden comprender, a un nivel casi instintivo, a otras personas que están atravesando su propio desierto.

Si a esa experiencia vital profunda le sumas una formación sólida (venga de donde venga, sin necesidad de pagar peajes anuales a asociaciones de dudosa utilidad), te encuentras con un profesional de verdad. Alguien con instinto, con recursos y con la disposición real de aportar valor.


El cliente es el juez supremo

Algunos habrán adivinado que todo este análisis va dirigido a profesiones en las que el material de trabajo es la propia persona. Al final del día, los clientes son los que ponen a cada uno en su sitio. Son ellos los que actúan como la criba natural que separa a los vendehúmos de los que realmente saben de lo que hablan.

Ya sea que trabaje con ejecutivos en la región o atienda a profesionales de todo el mundo, la dinámica es la misma. En mis sesiones de coaching en Gijón, donde el trato presencial no permite esconderse detrás de una pantalla, te aseguro que el cliente huele la falta de autenticidad a kilómetros. De igual manera, cuando diseño estrategias de aprendizaje para la plataforma, tengo claro que el contenido de los cursos online de coaching debe estar destilado desde la práctica pura, no desde manuales caducos.


Menos diplomas, más cicatrices

Para resumir este manifiesto contra la titulitis: si tienes que buscar a un profesional para que te ayude a optimizar tu rendimiento, superar un bloqueo o liderar mejor tu empresa, es normal que tu primer instinto sea mirar su pared para ver cuántos diplomas tiene. Es la inercia social.

Pero, por favor, activa tu propio instinto. Haz preguntas difíciles. Busca el componente humano. Indaga en sus cicatrices profesionales, en sus fracasos superados y en su sentido común.

  • ¿Prefieres a alguien que te explique la teoría de la tormenta o a alguien que sepa gobernar el barco cuando las olas miden diez metros?

  • ¿Quieres un certificado validado por una asociación fantasma o resultados validados por el mercado real?

"Un gramo de práctica vale más que una tonelada de teoría." — Swami Sivananda.



La formación es innegociable, por supuesto que sí. El conocimiento estructura la mente. Pero la experiencia es la que afila la espada. No te dejes deslumbrar por el brillo de un título recién impreso; busca el acero templado de quien lleva años forjando resultados en la vida real.



Lectura recomendada: La efectividad del Coaching: ¿Transformación duradera o moda pasajera?

Si estás cansado de teorías que no se aplican al mundo real y buscas un enfoque práctico, directo y basado en la experiencia de décadas, es hora de dar el paso. Explora mis libros para cambiar tu perspectiva, fórmate con contenido que va directo al grano, o reserva una sesión conmigo para que trabajemos frente a frente en tu rendimiento. Sin humo. Sin tonterías.

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