No quieres morir, quieres matar lo que te asfixia. Descubre cómo podar tu identidad para volver a respirar de verdad en este artículo de coaching.
¿De verdad quieres tirar la toalla o es que ya no aguantas a tu personaje?
Hay un dicho árabe que me fascina por su brutalidad poética: "Cuando estés deprimido y te quieras morir, tírate al mar y verás cómo peleas por sobrevivir".
Oye, qué sutiles, ¿eh? No te dicen "anímate, que tú puedes con todo". No. Te lanzan metafóricamente al Cantábrico con ropa y todo para que tu instinto de supervivencia te dé una bofetada de realidad. Y tienen razón. Llevo treinta años en las trincheras del coaching viendo cómo la gente llega a mi consulta con el agua al cuello, y la conclusión siempre es la misma: no quieres morir, lo que quieres es matar algo dentro de ti.
Ese "algo" suele ser un lastre que huele a rancio y te tiene atrapado en una vida que te aprieta como unos zapatos dos tallas más pequeños. Como no hay un botón de "borrar drama", tu sistema lanza un SOS que tú, en un alarde de falta de perspectiva, interpretas como un deseo de final. Hoy no te traigo tiritas ni frases de taza de desayuno; te traigo un bisturí para que hagamos una
El instinto no miente: la bofetada de realidad del mar
Vamos a ser claros: ¿Quieres dejar de existir o quieres dejar de sentirte como una coliflor con ansiedad?. No eres tú el que sobra. Es esa parte de ti que se ha quedado anclada en el "no soy suficiente" o en ese "odio mi trabajo" que llevas rumiando cinco años.
"A menudo sufrimos más en la imaginación que en la realidad". — Séneca.
Lo que necesitas no es un final, es una poda. Necesitas una tijera emocional para cortar con la identidad que construiste para agradar a tus padres, para sobrevivir a un jefe psicópata o porque no sabías qué hacer con tu vida a los veinte y ahora, a los cuarenta y tantos, sigues leyendo el mismo guion. El dicho del mar funciona porque, ante el peligro real, la tontería se acaba. El instinto se activa y te das cuenta de que amas respirar; lo que odias es respirar así, con ese nudo en el pecho.
El "Foreguismo Emocional": ¿A quién vamos a despedir hoy?
Si pudieras eliminar una parte de ti ahora mismo sin consecuencias físicas, ¿cuál sería?. Identificar al enemigo es el primer paso para un
El Complaciente: Ese que dice "sí" a todo por miedo a que no le quieran y termina agotado.
El Perfeccionista: El que te machaca porque nada de lo que haces es nunca suficiente.
La Víctima: El que cree que el mundo le debe algo y se queda sentado esperando el milagro.
Ponerle nombre es fundamental. Ese es el personaje que hay que "matar" para que tú puedas empezar a vivir. En mis sesiones, ya sea en mi despacho en
Cambiar no es morir, es mudar la piel (y pica)
Tenemos una extraña manía: nos aferramos al sufrimiento conocido como si fuera una manta de cachemir. Nos quejamos, lloramos, pero ahí seguimos. ¿Por qué? Porque el cerebro es un vago redomado que prefiere el infierno conocido al cielo por conocer. La incertidumbre le aterra más que el dolor crónico.
Dejar atrás versiones viejas de ti es como una mudanza emocional: sabes que la casa nueva es mejor, pero qué pereza da ver toda la basura que habías acumulado en los cajones. Además, hay un riesgo real: cambiar te puede dejar solo durante un tiempo. Hay personas en tu vida que encajan perfectamente con tu "yo herido" o con tu versión sumisa. Cuando decides
"No son las cosas las que nos perturban, sino nuestras opiniones sobre ellas". — Epicteto.
Nadie te avisó de que crecer duele
Te lo digo con la honestidad de quien lleva tres décadas viendo procesos de cambio: crecer duele. Es como los "dolores de crecimiento" que sentías de niño en las piernas, pero en el alma. Te estiras, te rompes un poco, te recompones.
Pero te aseguro algo: duele mucho más no cambiar. Vivir en modo zombi, haciendo scroll infinito para no escuchar tu propia voz, es una muerte lenta y silenciosa. Crecer es un parto. Gritas, empujas, sudas... pero luego el aire entra hasta el fondo de los pulmones.
Si sientes que necesitas una hoja de ruta para este
Conclusión: Tírate al mar, pero nada hacia ti
Habrá días en los que la vida te parezca un chiste sin gracia. Cuando eso pase, no te asustes. Escucha lo que hay debajo del ruido. Quizás solo necesitas mandar a alguien a paseo con elegancia, dormir diez horas o simplemente
Mata lo que te apaga: la obligación, la culpa, el miedo al qué dirán. Pero no mates al protagonista de la película, porque lo mejor está por rodar. Si vas a lanzarte al mar, hazlo para nadar hacia tu esencia, no para huir de ella. Como profesional del Coaching, mi trabajo no es salvarte de las olas, es recordarte que siempre has sabido nadar.
Recuerda: No quieres morir. Quieres vivir de verdad. Y eso no es una opción, es tu obligación.
Lectura recomendada: La fortaleza de ser diferente
¿Sientes que el personaje que has creado te está asfixiando? Reserva tu

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