Ir al contenido principal

¿Es más infiel el hombre o la mujer?

 

Dos tazas de café separadas en una mesa, simbolizando el distanciamiento emocional y la falta de comunicación que preceden a la infidelidad.

¿Quién engaña más? Olvida los mitos de barra de bar. Descubre por qué la deslealtad en la pareja no entiende de sexos, sino de cobardía e insatisfacción.

La Verdad Incómoda Sobre la Infidelidad: ¿Quién Engaña Más, el Hombre o la Mujer?

Es el debate eterno. La conversación que ha arruinado más cenas de amigos y sobremesas que la política y el fútbol juntos. Alguien lanza la pregunta al aire entre el segundo vino y el postre: "Oye, pero sinceramente... ¿quién es más infiel, el hombre o la mujer?". Acto seguido, las trincheras se cavan, los escudos se levantan y comienzan a volar los tópicos de manual.

Que si los hombres son más primarios y físicos. Que si las mujeres son más emocionales y calculadoras. Que si la genética, que si la sociedad, que si el cazador y la recolectora. Pura teoría de manual barato.

Como profesional del Coaching con casi 30 años de trinchera a mis espaldas, escuchando historias reales de gente real —lejos de las estadísticas asépticas de internet—, te puedo asegurar que estamos enfocando el problema con las gafas equivocadas. Estamos mirando el síntoma, pero ignorando olímpicamente la enfermedad.

Creo firmemente que antes de lanzarnos al barro para juzgar quién tiene el dudoso honor de ser más infiel en una relación de pareja, deberíamos tener la decencia intelectual de definir de qué demonios estamos hablando cuando usamos la palabra "infidelidad". Y prepárate, porque la respuesta duele.

"La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio." — Cicerón.

El diccionario no miente: ¿Qué es realmente ser infiel?

Si nos ponemos puristas y acudimos al sentido literal, el Diccionario de la Real Academia no deja margen para las excusas baratas. Infidelidad es, simple y llanamente, una falta de lealtad.

Y dentro de esa lealtad, aunque a la sociedad moderna de consumo rápido y relaciones líquidas le incomode, se engloban conceptos que algunos tildan alegremente de "arcaicos". Hablo de palabras mayores: el honor, el compromiso, la integridad y la verdad. Si nos ceñimos a esta definición, en realidad, está todo dicho. El debate podría terminar aquí.

Ser infiel a una persona es ser desleal. Pero para ser desleal, hay un requisito previo innegociable: entendemos que en algún momento del pasado le hemos otorgado, de forma consciente y libre, una promesa de lealtad a esa persona. Si no existe ese pacto (explícito o implícito), todo este castillo de naipes no tendría sentido. No puedes traicionar un acuerdo que nunca firmaste.

El problema radica en que hemos reducido la infidelidad a un mero intercambio de fluidos en una habitación de hotel. Y la realidad humana es infinitamente más compleja.

La traición silenciosa: Cuando la mente viaja sola

Para ser desleal a tu pareja, no es estrictamente necesario que exista un acto físico consumado. Aquí es donde la mayoría de la gente traga saliva. La lealtad no solo implica dónde pones tu cuerpo, sino hacia dónde diriges tus actitudes, tu energía vital y tus deseos.

Me explico con un ejemplo fuera del ámbito romántico para que se entienda la mecánica del autoengaño: ¿De qué sirve decir abiertamente en una reunión de amigos que me encanta el partido político "A", simplemente porque es lo que todo mi entorno espera que diga, si en mi fuero más interno y visceral me encantaría afiliarme y militar por el partido "B", que es el que realmente resuena con mis ideales? Lo haces porque el "B" no está tan bien visto en tu círculo. Eres infiel a ti mismo por cobardía social.

Lleva esto a la pareja. Estar cenando con la persona que duerme a tu lado mientras en tu cabeza fantaseas obsesivamente con cómo sería tu vida con tu compañero de trabajo, es una ruptura de la lealtad. Estás físicamente presente, pero operativamente ausente.

"Ningún hombre es verdaderamente libre si no es dueño de sí mismo." — Epicteto.

El mito del género: ¿Ellos o ellas? La guerra de trincheras

Históricamente, el folclore popular y la cultura de barra de bar siempre han dictaminado, con el palillo en la boca, que el hombre es genéticamente más propenso a la infidelidad que la mujer. Sin embargo, los estudios sociológicos más recientes y serios han dinamitado este mito. Muchos afirman que las tornas se han igualado o, incluso, que en ciertas franjas de edad, la mujer toma la delantera en este resbaladizo terreno.

La verdad es que es algo extremadamente difícil de demostrar con rigor matemático. Mentimos en las encuestas tanto como mentimos en la vida.

Existen teorías psicológicas que argumentan que las mujeres, debido a su estructura mental más compleja y conectiva, son capaces de ser infieles a diario desde el plano mental. Que guardan bajo siete llaves en su imaginación íntima auténticas fantasías de locura que rara vez verbalizan por el peso del juicio social. Por otro lado, se dice que el hombre, más primario en su concepción del deseo, pasa a la acción física con menos fricción cognitiva.

¿Sabes qué? Da exactamente igual.

Ya sea una traición consumada entre unas sábanas ajenas o un escape constante a través de una infidelidad mental paralela, la falta de lealtad es un veneno que corroe los cimientos del hogar de la misma manera. El resultado es el mismo: una grieta en la pared por la que se escapa la confianza.

La Ecuación Exacta: El grado de infelicidad

Vamos a dejarnos de teorías abstractas y vayamos a los términos generales que veo todos los días en mi despacho, trabajando con personas reales, de carne y hueso.

Si una PERSONA (y lo pongo en mayúsculas porque aquí el cromosoma X o Y es irrelevante) no es feliz con la pareja que tiene al lado, el cerebro, en su instinto básico de supervivencia emocional, empezará a buscar vías de escape. Evidentemente, pensará en otra opción.

Si te sientes encerrado en una rutina asfixiante, si estás profundamente dolido por rencores no resueltos, si estás exhausto de dar sin recibir o simplemente estás crónicamente aburrido con la persona que comparte tu hipoteca, es biológica y psicológicamente normal que tu atención se desvíe hacia otra persona que te ofrezca un oasis (aunque sea un espejismo).

Bajo este punto de vista pragmático, la pregunta de si los hombres o las mujeres son más infieles pierde todo el sentido. Lo que realmente importa es el nivel de frustración que habita en cada uno. Por lo tanto, podemos establecer una ley casi inmutable:

El grado de infidelidad (o de riesgo de cometerla) es directamente proporcional al grado de infelicidad y desconexión en la pareja.

Diagrama del Colapso Relacional:


Infografía sobre la anatomía de la infidelidad y las cinco etapas del colapso relacional: insatisfacción, silencio táctico, distanciamiento, búsqueda de válvulas e infidelidad física o mental.


Las preguntas que duelen (El interrogatorio de tercer grado)

Aceptar esta ecuación nos obliga a salir de nuestro cómodo papel de víctimas y nos empuja a mirarnos al espejo sin filtros. Buscar fuera lo que no te atreves a pedir, o a construir, dentro de tu casa es como intentar arreglar una gotera en el tejado poniendo un cubo en el pasillo. El cubo te salvará la alfombra un rato, pero el techo se acabará viniendo abajo.

Antes de mirar hacia otra cama, debes tener la valentía de hacerte las preguntas correctas. Esas preguntas que duelen, pero que son el núcleo de cualquier proceso de transformación en mis procesos de acompañamiento, ya sean presenciales o mediante sesiones de coaching online para aquellos que no pueden acercarse a Asturias:

  • ¿Por qué no soy feliz? Y no vale echarle la culpa al otro. Asume tu porcentaje de responsabilidad. ¿Qué has dejado de aportar tú?

  • ¿Qué me falta en mi vida? ¿Es atención, es admiración, es sexo salvaje, es paz mental o es simplemente sentirte vivo otra vez?

  • ¿Seré capaz de cambiar de vida? Si la relación está muerta, ¿tienes el coraje de recoger los bártulos, dar la cara y marcharte, o prefieres el cobarde confort de la doble vida?

  • ¿Cuáles son realmente mis deseos viscerales? Quítate la máscara social por un minuto. ¿Qué es lo que verdaderamente quieres experimentar antes de irte de este mundo?

  • ¿Quiero, genuinamente, estar con la persona con la que estoy? Esta es la pregunta del millón. Si la respuesta es un "no sé" o un "por ahora", estás comprando papeletas para el desastre.

Si necesitas herramientas prácticas para empezar a escarbar en este lodo sin perder la cordura en el intento, te recomiendo encarecidamente que te sumerjas en recursos estructurados. Puedes empezar revisando los materiales disponibles en www.joseignaciomendez.com.

El mantenimiento del vehículo: Cuidar antes de reparar

El amor y el compromiso no son un mueble de Ikea que montas un domingo por la tarde, lo dejas en el salón y te olvidas de él para siempre. Una relación de pareja es más parecida a un organismo vivo, o si lo prefieres en términos mecánicos, a un vehículo de alto rendimiento. Necesita mantenimiento, ajustes, cambios de aceite y, a veces, pasar por el taller para apretar los tornillos que se aflojan con los baches del camino.

Por lo tanto, en lugar de vivir con la paranoia de si tu pareja te va a engañar o de si tú vas a caer en la tentación en la próxima cena de empresa, centrémonos en lo que sí podemos controlar:

1. Comunicación sin anestesia: Sé sincero contigo mismo primero, y luego con quien tienes al lado. No te calles tus dudas, tus miedos o tus fantasías. El silencio en la pareja es un cáncer que hace metástasis muy rápido. Comprender a quien está a tu lado, sin juzgarlo desde tu atalaya moral, es la base innegociable de la continuidad.

2. Entrenamiento del músculo emocional: Al igual que levantas hierro en el gimnasio para no atrofiarte, tienes que entrenar la conexión con tu pareja. Salgan de la rutina, sorpréndanse, tengan conversaciones incómodas. Rompan el guion de vez en cuando.

"La lealtad constituye el más sagrado bien del corazón humano." — Séneca.

Conclusión: El hogar no es un código postal

Si somos capaces de aplicar este nivel de rigor, de hacer el trabajo sucio y de mantener el vehículo a punto, no necesitaremos buscar cobijo en un hombro ajeno. Muchas veces nos lanzamos a buscar fuera de forma desesperada, sin darnos cuenta de que, si hubiéramos regado nuestro jardín, nuestro verdadero hogar siempre estuvo a nuestro lado.

No se puede, ni se debe, decir quién es más infiel en términos absolutos. La biología no dicta sentencia aquí; la actitud, sí. Lo que sí se puede afirmar con una contundencia aplastante es que aquel que sea menos feliz y más cobarde para enfrentar su propia vida, tendrá muchísimas más probabilidades de cruzar la línea roja.

Y para eso, francamente, importa un carajo si se es hombre o mujer.


Lectura recomendada: Tu pareja, ¿es tu equipo o te estresa?

¿Tu relación está en punto muerto o sientes que estás perdiendo el control de tus propias decisiones? No esperes a que el motor gripe por completo. Es hora de poner las cartas sobre la mesa. Agenda tu espacio de trabajo y empecemos a buscar soluciones reales: https://www.joseignaciomendez.com/sesiones-coaching-gijon


Comentarios

Jose Ignacio Méndez

José Ignacio Méndez

Coach Acreditado con trayectoria sólida desde 1993. Autor de 28 libros y 13 cursos online. Especialista en resultados reales, sin humo. Sesiones presenciales en Asturias y formación online.

Entradas populares de este blog

Crisis de los 50: Guía para recuperar el sentido de tu vida

  ¿Tienes 50 años, "lo tienes todo" pero sientes que nada tiene sentido? No es una crisis, es un despertar. Olvida el descapotable; siéntate y hablemos café en mano

El Síndrome de la Titulitis

¿Títulos o experiencia? Descubre por qué el papel aguanta todo, pero en el mundo real, las cicatrices y la práctica valen más que mil certificados de pago.

Coaching personal y profesional en Asturias

Logra el éxito real con coaching en Asturias. 30 años de experiencia uniendo lo profesional y lo personal. Sin humo, solo resultados. ¡Toma el mando!