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Quiero ser una herramienta en tu vida, así que úsame !

Herramientas de navegación y escritura sobre un escritorio, simbolizando la metodología de un profesional del coaching en Asturias.

 Si buscas a alguien que te diga qué hacer con tu vida, te has equivocado de lugar. No soy un gurú, soy una herramienta. Aprende a usarme a tu favor.

La mentira del gurú: Por qué un profesional no te da consejos (y cómo usarme como herramienta)

Vamos a quitarle el romanticismo a esta profesión desde el primer párrafo. En el mundo actual del desarrollo personal hay una plaga de "salvadores" que prometen tener la llave de tu felicidad, el mapa de tu éxito y la receta de tu paz mental. Te venden la idea de que, si les pagas lo suficiente, ellos te arreglarán la vida.

Es una mentira fantástica y, comercialmente, muy rentable. Pero sigue siendo una mentira.

Desde que tomé la decisión de reconducir mi vida hace ya unas cuantas décadas, han sido muchísimas las experiencias que me han acompañado. Siempre he estado inmerso en un proceso continuo de cambio y evolución, y, para serte brutalmente honesto, también me han acompañado todos y cada uno de los errores que he cometido. Hay un mito generalizado de que, por el simple hecho de trabajar como profesional del Coaching, uno tiene todas las respuestas del universo en el bolsillo del pantalón.

Nada más lejos de la realidad. De hecho, te confieso algo: cuanto más trabajo con la mente humana, más me doy cuenta de que no sé absolutamente nada. Y esa, precisamente, es mi mayor ventaja competitiva.


El peligro de trastear con los cables de la mente

Quizá sea porque, al dedicarme a implantar dudas razonables en las "cabecitas" de otras personas, las mías propias han aflorado con una fluidez pasmosa. Me he sorprendido a mí mismo un millón de veces cuestionándome tantas cosas que casi me vuelvo loco.

No tengo ninguna vergüenza en reconocerlo. Simplemente porque soy humano. Soy imperfecto, tengo miedos, inseguridades, dudas, esperanzas, proyectos por terminar y preocupaciones. Llevo muchos años a mis espaldas, entreno a diario levantando hierro para mantener la maquinaria a punto y, como cualquiera que haya vivido lo suficiente, también sé lo que es convivir con el dolor físico y la necesidad de rehabilitación tras un golpe duro en la carretera. Las placas en mi clavícula y mi antebrazo son un recordatorio técnico de que el chasis se rompe, pero la cabeza es la que te saca del agujero. Soy, en definitiva, una persona normal y corriente.

Pero precisamente por haber transitado por todos esos estados (la incertidumbre, la ambición, el dolor y el aprendizaje), he sido capaz de valorarlos, estudiarlos, reorganizarlos y darles forma. Ha sido una ardua labor de años.

Muchas veces me he descubierto pensando: "Jose, quién te mandaría a ti tocar los cables de tu propia cabeza, con lo inmensamente feliz que hace la ignorancia".

Seguro que alguna vez has pensado lo mismo. Esa tentación de mirar para otro lado, de no rascar en la herida, de dejar que la inercia decida por ti. Menos mal que, casi inmediatamente, la cordura vuelve y comprendo que la ignorancia es exactamente igual que el famoso refrán: pan para hoy y hambre para mañana.

"Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta." — Carl Jung

No es bueno ocultar lo que llevamos dentro. Es estrictamente necesario sacarlo a la luz, aunque escueza al principio. Trabajar con ello, aprender a gestionarlo, descubrir el camino correcto tropezando y aprendiendo de los errores... Son conceptos que todos conocemos de forma instintiva. El problema es que muy pocas personas tienen el coraje de llevarlos a cabo de forma proactiva y sin excusas.


De "vida desastrosa" a "campo de pruebas"

Hace algunos años, si me preguntabas en un mal día, te habría dicho que mi vida había sido un absoluto desastre. No comprendía el significado real de todo lo que ocurría a mi alrededor ni los "porqués" de las situaciones que me tocaba lidiar.

Hoy, con la perspectiva que dan tres décadas de trinchera profesional, el discurso ha cambiado radicalmente. Ahora afirmo con rotundidad: "Mi vida ha estado llena de sistemas de aprendizaje".

Y ojo, que aún siguen llegando.

Si echo la vista atrás y cuento aquellos años en los que empezaba a descifrar mi entorno, te diría que llevo más de medio siglo recibiendo estímulos y reaccionando en consecuencia. Son muchos años de estudio técnico riguroso, de vida de calle, de trabajos de todo tipo, de relaciones complejas, de amistades profundas. Años de sangre, sudor y lágrimas, pero también de risas interminables. Y, sobre todo, muchos años de aprender de los demás.

He tenido la inmensa suerte de trabajar con personas que han confiado ciegamente en mí y me han enseñado todo lo que sabían de sus respectivos sectores. He podido disfrutar y nutrirme de los conocimientos de grandes profesionales que, con una generosidad inusual en estos tiempos, han querido compartir sus estrategias conmigo.


Por qué IKEA no vende muebles para la cabeza

A base de observar, analizar y escuchar a cientos de personas en mis sesiones de coaching presenciales y online, me di cuenta hace tiempo de lo que realmente hace que este trabajo valga la pena: ayudar a que la gente ordene su propio caos.

Creo firmemente en la filosofía del retorno: cuanta más lucidez y claridad repartes, más recibes a cambio. Me costó muchísimo esfuerzo amueblar mi propia cabeza, y te garantizo una cosa: para amueblar la mente, el catálogo de IKEA no sirve. No hay instrucciones universales, no hay tornillos estándar ni llaves Allen que ajusten los valores de todo el mundo por igual.

Curiosamente, cuanto más trabajo y hablo con mis clientes, más se colocan las piezas en mi propio interior y más nítidas veo las dinámicas humanas.


Diagrama Conceptual: El Efecto Herramienta

[ Cliente con Caos Mental / Objetivo Difuso ] ↓ [ Intervención del Profesional (La Herramienta) ] ├── Preguntas disruptivas ├── Espejo de contradicciones └── Cuestionamiento de creencias limitantes ↓ [ Desbloqueo del Cliente ] -> (Asume la responsabilidad) ↓ [ Estructuración del Plan de Acción Propio ]


Úsame: Soy tu herramienta de alta precisión

Odio presumir de titulaciones o de puestos grandilocuentes. A veces, cuando me preguntan en una cena qué soy o a qué me dedico exactamente, me cuesta definirlo sin caer en las etiquetas de siempre.

Últimamente, he optado por la verdad más desnuda y directa: solo soy una herramienta. Soy un sistema optimizado que otras personas, de forma totalmente voluntaria, usan a placer para conseguir sus objetivos. Y que nadie piense mal, que en este país tendemos siempre a disparar la imaginación hacia donde no toca.

Voy a explicártelo como si estuviéramos tomando un café frente al Cantábrico:

Hay directivos, empresarios y profesionales que sienten la necesidad imperiosa de generar cambios estructurales en su vida. Sueñan con metas que parecen inalcanzables o, simplemente, necesitan aprender a gestionar una carga abrumadora de presión y responsabilidades. Por sí solos, les cuesta muchísimo trabajo, energía y tiempo, porque estructurar el proceso mental desde dentro del propio problema es casi imposible. No puedes leer la etiqueta del bote si estás metido dentro de él.

"El primer paso para aprender es dudar de lo que crees saber." — Séneca

Esas personas acuden a mí. Y yo, simplemente, hablo con ellas. Les hago preguntas incómodas, les exijo aclaraciones cuando intentan engañarse a sí mismas con excusas baratas. Les ruego que me cuenten sus justificaciones en voz alta y que me las expliquen nuevamente hasta que ellos mismos se den cuenta de lo absurdas que suenan.

Lo que no entiendo, lo pregunto directamente y sin filtros. Y de paso, provoco que ellos se hagan preguntas que jamás se habrían atrevido a formularse en soledad. Les inoculo dudas nuevas, mucho más productivas que las que traían de casa.


El arte de no dar consejos

Aquí viene la regla de oro de mi metodología, la que puedes ver reflejada en toda mi filosofía de trabajoNo doy consejos. Jamás se me ocurriría. Sería un despropósito absoluto. No soy un oráculo, no conozco todas las respuestas del universo y, por supuesto, no tengo toda la información sobre tu vida, tus miedos profundos o tu contexto como para atreverme a indicarte qué camino debes tomar. Quien hace eso no está haciendo coaching, está haciendo proselitismo o alimentando su propio ego a tu costa.

Sin embargo, te ayudo a que seas  quien vea con claridad adónde quieres llegar realmente. Te proporciono el marco para que construyas, modifiques o asaltes tu propio camino. En mis sesiones, el cliente habla mucho —como debe ser— y yo escucho con precisión quirúrgica, intento comprender el patrón de pensamiento subyacente y vuelvo a plantear un nuevo frente de dudas estratégicas.

Así operamos, semana a semana, hasta que al cabo de unos meses, según el plan de objetivos innegociables que nos hayamos trazado, el cliente está listo para volar por sí mismo. No busco generar dependencia; busco generar autonomía y rendimiento.


El retorno de la inversión personal

Pasa el tiempo. Las sesiones terminan, la gente sigue con sus vidas, aplicando lo aprendido, levantando sus propios pesos y enfrentando sus propias rehabilitaciones vitales. Y un día, el teléfono suena. Me llaman y me cuentan cómo les ha ido.

Reconozco que es en esos momentos, escuchando cómo su vida se ha encarrilado en la dirección exacta que ellos mismos diseñaron, cuando confirmo por qué sigo en esta profesión. La alegría profunda, casi visceral, de saber que he podido ser la herramienta adecuada para que una persona construya su mejor versión... eso no se paga con dinero (y eso que cobro, y bien, por mi trabajo).

Algunos me ponen etiquetas rimbombantes. Me llaman mentor, experto, o me cuelgan títulos en inglés. Pero si lo analizas fríamente, yo solo hablo con ellos, les hago las preguntas que nadie más se atreve a hacerles y sostengo el espejo para que dejen de mentirse. No me gustan los títulos para decorar paredes; prefiero los resultados que se ven en la calle.

Yo sé lo que soy. Solo soy una herramienta. Una herramienta muy afilada, poderosa y con treinta años de temple, pero una herramienta al fin y al cabo.

A lo largo de los años he desarrollado un sistema propio de trabajo basado no en teorías vacías, sino en la fricción real, en las formaciones que imparto y en las experiencias vitales de todas las personas valientes que han pasado por mis manos (y en las mías propias, que no han sido pocas).

Y mi objetivo está claro: espero poder seguir siendo una herramienta útil durante muchos años. Seguir afilando el criterio, formándome y aprendiendo al lado de aquellos que comparten esta visión del mundo, para que, cuando necesites apretar las tuercas de tu propia vida, sepas exactamente a quién utilizar.


Lectura recomendada: El vuelo del águila: una lección de coaching


Da el siguiente paso: Si estás harto de dar vueltas sobre el mismo problema y necesitas una herramienta contundente para estructurar tu mente y tus objetivos, deja de perder el tiempo. Reserva una sesión conmigo y empecemos a trabajar en lo que de verdad importa.

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