Descubre por qué la felicidad no es una meta, sino una decisión estratégica y una metodología que requiere determinación y limpieza de entorno.
La ingeniería de la felicidad: Por qué saber lo que tienes que hacer no sirve de nada si no lo aplicas
Muchos clientes llegan a mis sesiones, ya sea aquí en Asturias o a través de la pantalla en formato online, con la misma cantinela: "Jose, yo sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago". Y ahí es donde entra mi papel como profesional del Coaching con tres décadas de cicatrices y aciertos a mis espaldas. La teoría es barata; nos hemos convertido en bibliotecarios de la autoayuda, expertos en citar frases motivacionales en Instagram pero analfabetos a la hora de aplicarlas cuando la vida se pone de color hormigón.
La felicidad se nos ha vendido como un estado gaseoso, algo que "te sucede" o que te toca en el sorteo genético. Mentira. La felicidad debe ser aquello que impere en nuestras vidas por puro diseño, no por accidente. Es necesaria, sí, pero no cae del cielo como la lluvia de Gijón. Hay que salir a buscarla con un mapa y, sobre todo, con la voluntad de mancharse las botas.
El mito del final de película y los moratones de la realidad
Durante años, yo mismo estuve buscando "algo" sin saber exactamente qué era. Me pasaba como a mucha gente: me imaginaba que mi vida era una película de Hollywood donde, tras un par de escenas de drama necesario, llegaría el fundido a negro con un "fueron felices y comieron perdices". Pero el final no llegaba. Y no llegaba porque la vida no es una película; la vida es una serie de decisiones constantes donde el guionista, el director y el protagonista eres tú, aunque a veces actúes como un extra en tu propio drama.
Decidir
"La felicidad no es algo ya hecho. Viene de tus propias acciones." – Dalai Lama.
En ese proceso de emancipación mental, te vas a dar golpes. Yo terminé con más de un "moratón" metafórico (y alguno literal de mi época de entrenamiento intenso). Pero esos golpes son el precio de la matrícula en la universidad de la calle. Aprendes que la felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de gestionarlos sin que te destrocen el sistema operativo.
La criba de la toxicidad: Sangre, sudor y lágrimas
Con los años, y tras haber escrito 25 libros diseccionando el comportamiento humano, uno aprende que hay cosas que importan más que otras. Aprendemos a centrarnos en aquellas situaciones o personas que realmente suman y, lo más importante, aprendemos a alejarnos de los
Esto suena muy bonito en un cartel de coaching, pero la realidad es que supone sangre, sudor y lágrimas. A veces, alejarse de la toxicidad implica dejar atrás a personas que llevas años conociendo, pero que se han convertido en anclas que te impiden navegar. No es odio; es higiene mental. No puedes pretender tener
¿Por qué sabemos qué hacer y no lo hacemos?
Esta es la pregunta del millón. El ser humano es el único animal capaz de tropezar dieciocho veces con la misma piedra y, después, escribir un ensayo sobre la textura de la piedra sin levantarse del suelo. Sabemos que debemos comer mejor, que debemos entrenar, que debemos poner límites... pero a la hora de la verdad, nos gana la inercia.
Poner en práctica lo aprendido requiere tres ingredientes que no se venden en farmacias:
Tenacidad (Cabezonería): No es solo persistencia, es esa testarudez asturiana de seguir adelante cuando todo el mundo te dice que pares.
Determinación: La regla de oro de no rendirse nunca. Si el plan A falla, el abecedario tiene muchas más letras.
Apoyo del entorno: Y ojo aquí, porque muchas veces tendrás que convencer a tu propio entorno de que tu cambio es real y necesario. El sistema siempre intenta devolvernos a nuestra forma anterior; es pura física social.
La metodología: Menos magia y más sistema
Una vez que dejas de esperar que la felicidad te encuentre, empiezas a construirla. Todo tiene una metodología, una ruta a seguir. En mis años como profesional del Coaching, he comprobado que cuando aplicas una
"No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho." – Séneca.
Para
El valor de una cara amiga (y profesional)
Por muy fuerte que sea tu determinación, habrá momentos en los que deberás parar y descansar. Somos humanos, no máquinas de rendimiento infinito. Buscar apoyo profesional no es un signo de debilidad, es un signo de inteligencia estratégica. Un profesional del coaching no es alguien que te dice qué hacer, sino alguien que te pone el espejo delante para que veas lo que tú mismo te estás ocultando.
Acompañar a alguien en su proceso de cambio es una responsabilidad que me tomo con el rigor que merecen estos 30 años de oficio. Ya sea en una sesión presencial en mi despacho o en una videoconferencia, el objetivo es el mismo: que dejes de ser un espectador de tu propia infelicidad para convertirte en el arquitecto de tu bienestar.
Ahora te toca a ti. Ya tienes la teoría, ya sabes que la película no se va a arreglar sola. Toca aplicar, toca sudar y, sobre todo, toca decidir. ¿Vas a seguir esperando el final feliz o vas a empezar a escribirlo hoy mismo?
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